¡Esto es lo que me pierdo por estar ocupado la primera mitad del año! Lo que Cruel Force venía maqueteando desde Dawn of the Axe ya era interesante, pero lo que consiguen en Haneda alcanza un nivel completamente nuevo. Atrás quedaron sus primeros pasos con aquellas esas placas de black/thrash que tanto dejaron su marca en varias bandas en la década del 2010, ahora es momento de volver a ese metal electrificante pero con una base melódica que te hace cabecear al ritmo de un riff en llamas. Los germanos, quienes ya enseñaron una nueva predilección por la destrucción arquitectónica, doblan la apuesta con una obra que me hizo pensar los mejores momentos del Show No Mercy y Doomsday for the Deceiver en sonido y a Powerslave en la diseño temático.
Es ese tipo de metal que simplemente no puede fingirse, uno que nace de mentes que entienden exactamente que es lo que los metaleros/as quieren que estalle los parlantes de sus equipos de música, y lo dicen perfectamente en la letra de Swords of Iron: Kill them all with speed! With fire! With steel! Hay un toque detrás de discos como este en que puede notarse que se realizan con un trabajo meticuloso por quienes los componen. No se trata de reescribir las bases ni tampoco de intentar revolucionar lo que existe, sino que de tomar aquelals influencias que te llevaron a las cuerdas o la baqueta y romperse en una estruendosa explosión de autentico metal. Eso es Haneda.
Lo que GG Alex, Carnivore, Spider y Slaughter integran en este elepé esta cuidadosamente elaborado para no darle descanso en ningún momento al receptor de estos brutales cuarenta y dos minutos de duración. La introducción punzante —adjetivo que mejor definiría en una palabra a todo el disco— de The Cross da paso a una enérgica Whips-A-Swinging, la que se encarga de resumir muy bien cual será toda la experiencia: una batería que utiliza todos sus recursos para retumbar como un cañón, guitarras que te harán sangrar los oídos con el filo de sus riffs o pueden llevarte al cielo más alto del heavy metal con la pesada lentitud de sus puentes, un bajo incesante que se encarga de crear la perfecta base melódica en que se apoyan las seis cuerdas y, para darle ese necesario toque final, voces que escupen fuego con cada palabra que exhalan. Todo esto aderezado con letras míticas, de acero y dioses perdidos en el tiempo. Los alemanes no escatiman en velocidad en ningún momento, salvo cuando es necesario darle un respiro para que brillen esos robustos solos que parecen emerger del mausoleo más clásico del género.
Savage Gods y Titan's Awakening son las municiones que no darán descanso alguno a tu cuello a base de un thrash metal melódico que invita a cerrar el puño y dejarse llevar; por otro lado, Warlords, Black Talon y Swords of Iron son esa parte del cartucho que mejor demuestra esa fuerte influencia del Show No Mercy que mencione anteriormente con pasajes de oscuro heavy metal que me hacía falta escuchar en bandas contemporáneas, al menos así de bien hecho. La instrumental Crystal Skull es la canción más pulcra de todo el conjunto, un ejercicio que se toma su tiempo con una atmósfera envolvene y que, a mi apreciación, tiene el mejor juego de guitarras del larga duración. Todo lo anterior señalado se refuerza con la culminante titular Haneda, un ejercicio de magistral composición de nueve minutos de duración, que demuestra que los teutones son capaces de crear una pieza que no se trate solamente de velocidad, de cierta manera, lo tomo como una despedida a su estilo inicial, ahora más interesados en crear un conjunto musical más maduro, variado y redondo en su resultado.
No me sorprende que tardaran cuatro meses en grabar y producir este disco. Por ello es que también debo aplaudir el magnífico trabajo de Marco Brinkmann, cuya habilidad permite inyectarle una potencia impecablemente pulida a cada segundo de reproducción, sin importar a que ritmo se encuentre, Tampoco me sorprende que este coproducido por el guitarrista Slaughter, cuyas mentes en conjunto consiguen dar con un resultado que, desde ya, debería figurar en todas las listas de lo mejor de ese 2026. El merito también lo alcanza a la ilustadora Maegan LeMay, cuyos trazos y colores le dan a la carátula ese toque retro que ayuda a completar la presentación del álbum. La sinergia de todos los que pusieron sus talentos detrás de esta placa es palpable en cada uno de los sentidos.
Seguramente habrá fanáticos que extrañen la era del The Rise of Satanic Might, pero me atrevo a decir que lo que Cruel Force hoy no es más que la evolución natural tanto de su sonido como estilo. No cambiaron la formula, simplemente decidieron construir un estilo de trueno distinto. Todo lo que te gustaba del conjunto aún esta allí —la velocidad, la oscuridad y esa agresividad desbordante— pero ahora se encuentra en un paquete más definido que cuenta con una clara ambición artística. Es el cierre definitivo de la senda circular: si alguna vez ese heavy metal clásico se fue influenciando hasta convertirse en una masa desatada de poder, ahora es cuando aquella celeridad busca la influencia del sonido más clásico que lo ayudo a nacer en un comienzo. El ouroboros se ha topado con su cola y el proceso comienza una vez más. Y de todo ese trayecto es que logramos disfrutar de lanzamientos como Haneda. Para mí lo mejor en lo que va de este año, solo lamento no haberlo escuchado antes.
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