Vivimos una época en la que el speed/heavy atraviesa uno de sus momentos más abundantes cuando de grupos se trata. Cada semana aparecen numerosos lanzamientos que intentan abrirse paso entre una avalancha de bandas empeñadas en repetir una y otra vez las mismas fórmulas. El mercado de la velocidad nunca había sido tan competitivo, lo que ha provocado que solo aquellos capaces de inyectar algo distinto a su cuota de rapidez consigan destacar en la escena, mientras el resto permanece atrapado en el huracán de la eterna promesa. En un punto intermedio entre ambas categorías encontramos a los franceses de Iron Slaught, quienes regresan después de un prolongado silencio de once años.
Metallic Torments es un trabajo... raro. Aunque la banda se presenta como una propuesta orientada al speed metal, el disco también incorpora numerosas pinceladas de power —en su vertiente estadounidense, no la europea—, thrash metal desatado y una interpretación vocal que nunca termina de decidir a cuál de esos estilos quiere pertenecer. Lo que encontramos es una amalgama de sonidos estruendosos que transita constantemente entre distintas influencias, esforzándose —quizás más de la cuenta— por encontrar una identidad que la distinga del resto de conjuntos que también buscan dejar su huella. La intención de innovar está ahí, y eso siempre merece reconocimiento. Otra cosa, sin embargo, es el resultado.
