La historia detrás de la banda italiana TENEBRO es una que no carece de detalles interesantes. Formada en el año 2000 —hace un cuarto de siglo exactamente— como el proyecto solista de Il Becchino, tuvieron que transcurrir casi veinte años para ver impreso cualquier tipo de material, además de contar posteriormente con la adición de Il Beccamorto. Los italianos entrarían fuerte a la escena con su epé Liberaci dal male, el cual ya evidenciaba esas pinceladas de Mortician, Necrophagia e incluso algo de los legendarios Impetigo en su sonido, trabajado en conjunto con una estética impregnada del más sangriento cine de horror de su país natal. En sus letras y portadas son claras las alusiones a Fulci, Argento, Lenzi o D'Amato, pináculos del terror maloliente: ese que te hace taparte los ojos con la mano, pero te obliga a abrir los dedos para observarlo a escondidas.
Sería precedido por L'inizio di un incubo (2020), su primer larga duración, y Ultime grida dalla giungla (2023), dos trabajos que no escatiman en lo denso, despreciable y pesado para confeccionar su corrupto tono. Estas dos demostraciones deleznables lograron llamar la atención de los fanáticos más exigentes del death metal gracias tanto a la clara mezcla de influencias anteriormente nombradas como a la capacidad de crear una propuesta que ofrece un resultado que nada tiene que envidiar a los mayores exponentes del género. De todas maneras, es válido señalar que hasta ese punto el dúo aún no lograba definir una apariencia sonora propia, permaneciendo encadenados a sus referentes. O, al menos, eso podíamos señalar hasta ahora.

















