El metal es conocido por ser uno de los estilos musicales más brutales de la historia, tanto en su sonido como presentación, factores que lo mantiene normalmente fuera del mainstream o del ojo público al no considerarse de fácil acceso. Eso no quita que, dentro de su historia, no ha contado con ejemplos que buscan suavizar la propuesta al mezclar la música con toques derivados del pop, rap u otros, además de agregar una cuota de humor a su presentación. Ejemplos de esto son bandas como Alestorm, Sabaton, Powerwolf, Glory Hammer y BATTLE BEAST.
Estos últimos son un grupo finlandés que data de 2005, cuando eran descritos con apodos tan estrafalarios como "Judas Priest si Doro fuera la cantante", descripción que inmediatamente llamó mi atención. Lo cierto es que después de escuchar su disco debut Steel y su sucesor Battle Beast es que no pude más que sentir exageradas las comparaciones, aunque era posible advertir el talento de estos músicos, en especial de Noora Louhimo en las voces, quien genuinamente destaca por la potencia de su interpretación. Luego de eso les perdí el rastro ya que, con toda honestidad, no soy fanático de este estilo más radial del metal, pero los años me han vuelto más tolerante, además de que también disfruto de la esquina más AOR del hard rock, por lo que, al enterarme del lanzamiento de su séptima placa titulada Steelbound, lo tomé como una oportunidad de reencontrarme con el conjunto después de tantos años.
El récord puede ser fácilmente separado en dos secciones: aquella que muestra el lado más clásico del heavy metal, con baladas melódicas que se apoyan en un sólido juego de guitarras y vocales como protagonistas, y aquella que edulcora los tonos con un europop más enfocado en los coros con sonidos accesibles para todo tipo de oyentes. The Burning Within, Watch the Sky Fall —estratégicamente ubicados como primer y último tema — y Last Goodbye son parte de esta primera distinción, con un sonido que genuinamente sí me recordó por momentos a grandes como Judas Priest, mientras que en otro rincón tenemos a Here We Are, Steelbound y Angel of Midnight, que apuestan por los teclados, los himnos repetitivos y donde Noora suaviza más su registro con un claro enfoque en reemplazar poder por melodía; destaco especialmente a Steelbound, canción que me hizo pensar en un escenario imaginario en el cual algunos representantes clásicos del pop, como ABBA o Sandra, hubieran decidido buscar una carrera en el hard rock.
Por otro lado, estan aquellas melodías que están al medio entre ambas vertientes. The Long Road —instrumental que da paso a la siguiente—, Blood of Heroes y Riders of the Storm son los típicos registros de power metal moderno que podríamos encontrar en cualquier placa de Sabaton y que, gusten o no, son muy populares en la actualidad. Finalmente, tenemos a Twilight Cabaret, que no encaja en absoluto con ningún espacio, al ser un corte que tiene elementos latinos (salsa) y teclados que apuntan al extremo más alejado del metal que presentan, y que no exagero al decir que suena a algo que podría encontrar en un disco de Christina Aguilera. Incluso dentro de este álbum se siente fuera de lugar.
Lo atenuado de este proyecto no se limita solamente a lo musical; las letras tocan temas sobre amores perdidos, creer en ti mismo y la "fuerza" del metal se mueven entre lo genérico y lo insípido, además de contar una portada —a manos de Jan Yrlund— que expele ese desabrido estilo digital con un diseño básico que enseña las dos B de la banda y que es casi idéntica a la composición de No More Hollywood Endings —uno de sus trabajos anteriores—, lo que solo confirma que no existe riesgo alguno a lo largo de los treinta y siete minutos de duración aquí presentes.
Algo me queda totalmente claro después de finalizar este elepé: BATTLE BEAST apostó con todo por ingresar al catálogo de agrupaciones establecidas dentro de la zona más segura del metal y han consolidado fuertemente su posición como un grupo de entrada. Esto no tiene una connotación negativa per se, pero esta decisión también los ata de manos en lo que pueden ofrecer. La producción es de primer nivel, los artistas —especialmente Janne Björkroth, Noora Louhimo y Joona Björkroth— demuestran una gran capacidad en sus distintos labores y hay un par de canciones que son genuinamente interesantes, pero lo cierto es que este material se aleja mucho de lo que busco como fanático. Puedo entender que este tipo de conjuntos son populares y cuentan con una gran camada de fanáticos, por lo que no busco avergonzar de ninguna manera a quienes disfruten de este tipo de material, pero definitivamente pertenezco a aquellos que se inclinan más por la intensidad o brutalidad del género.
Total: 37:00
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