TESTAMENT es una banda que ha pasado por todas las etapas que una formación clásicafa de thrash metal debe experimentar: sus inicios fuertemente inspirados por el lado más agresivo de Metallica; intentaron subirse al vagón del Black Album con un sonido mucho más amigable para las audiencias; sobrevivieron a la fiebre del grunge en los noventa con un sonido que buscaba inyectar componentes más death o groove y tuvieron un renacimiento a finales de los 2000 gracias al revival que amasó una gran cantidad de grupos durante esa época, además de verse motivados por la recuperación del cáncer del cantante Chuck Billy. Esta última fase los ha mantenido bastante activos dentro de la escena, pero con una formula que parece sentirse más agotada con cada nuevo lanzamiento.
En 2023, luego de cuatro placas, cada una un poco más agotada que su antecesora, el legendario Gene Hoglan decide dar un paso al costado para dedicarse por completo a Dark Angel —y todos sabemos como termino eso—, por lo que es reemplazado por Chris Dovas en las percusiones. Su juventud, poder y clase forjaron una rápida conexión con el resto de los miembros, quienes sintieron una dosis de potencia renovada gracias a su nuevo baterista. Tras algunas presentaciones en vivo, decidieron volver al estudio para grabar su catorceavo disco titulado Para Bellum, que resulta ser una explosión llena de pólvora que arrasa con todo a su paso.
Qué mejor carta de presentación para Dovas que comenzar con For The Love of Pain, con un blast beat que te destroza el cráneo de principio a fin. Este inicio encaja perfecto con lado más cercano al death que alcanza el conjunto —con guturales incluidos—, además de ser una demostración más de por qué Steve DiGiorgio es una bestia en el bajo, con una línea final que logra cohesionar todo el tema de manera excelente. Infanticide A.I. confirma que Eric Peterson siempre brilla más cuando de riffs incansables se trata, sellado con un solo corto pero efectivo; también es otra demostración de cómo los californianos están muy actualizados con las temáticas de sus letras, pues aquí atacan directamente el uso desmedido de la inteligencia artificial, lo que nos puede llevar a una posible bancarrota humana. Shadow People es el momento más heavy metal de todo el elepé, con ese sello característico de la banda de estructurar el ritmo, con riffs limpios que no te sueltan, pausas que dan paso a estribillos cada vez más demoledores, y una mezcla de secciones de bajo que evocan al Human.
Hasta este punto la adrenalina ya está a un punto álgido que te deja sediento de más brutalidad, pero alta es la sorpresa cuando continúan con Meant to Be, una balada que parece ser un lujo que querían darse, algo que puedo respetar, aunque siento que esta algo fuera de lugar; tal vez, si se hubiera ubicado hacia la última sección del disco, resultaría más digerible, pero a estas alturas se siente como un frenazo de que te baja las revoluciones a cero de un solo golpe. Digo, la canción no esta mal, también disfruto de las power ballads y las guitarras de Peterson y Alex Skolnick lloran notas de emoción... ¡Pero venimos escuchando gritos desgarradores sobre las tiranías, los peligros de la modernidad y fuerzas oscuras sobrenaturales, para luego vomitarme sobre un amor perdido... y por siete minutos!
High Noon deja las cursilerías atrás, con un Chuck Billy que vuelve a escupir odio con sus cuerdas vocales mientras relata sobre el enfrentamiento de dos pistoleros. Los arreglos de hi-hat, sumado al triple stroke del bombo le dan todo el protagonismo a Dovas. El tipo está decidido a demostrar que no es ningún novato, sino que se ha ganado su puesto en el conjunto por puro mérito. Por su parte, Witch Hunt es temazo con todas su letras, que logra demostrar toda la experiencia de la banda al fusionar lo más puramente thrashero con esos toques groove y una vibra death de la segunda mitad, en una canción que te agarra y no te suelta hasta dejarte totalmente destruido. Con Nature of the Beast y Room 117 vuelven a otro descenso para darle el relevo de vuelta a ese TESTAMENT más heavy, que se construye a partir de una base más melódica que le permite a Chuck retomar su estilo más clásico de canto. Destaco la simpleza pero efectividad de la letra en esta última sobre un paciente al borde de la muerte, porque nada es más terrorífico que la realidad misma. La intro de Havana Syndrome me traslado de regreso a ese primer periodo de discos como The New Order, que evidencian que la banda aún mantiene ese cuchillo tan agudo como en sus mejores años, con un solo de guitarra que se toma su tiempo para demostrar que el filo sigue intacto hasta el día de hoy. Todo cierra con el tema homónimo Para Bellum es el corte más interesante de toda la placa, ya que es el más alejado de la apariencia de la banda, con un thrash de corte mucho más técnico para culminar de una manera que solo podría llamar bombástica con un arpegio de guitarra calcado al de sus composiciones clásicas —y que, una vez más, deja ver la fuerte influencia de Metallica—.
Seré completamente honesto: en primera instancia no tenía mucho interés en escuchar —y mucho menos reseñar— este trabajo. Los últimos discos de la agrupación no me terminaban de convencer en absoluto ya que cada elemento quedaba al debe, pero aquí ocurrió algo distinto, porque todo se siente completo y termina de cuajar de manera perfecta. Desde el comienzo, con el espectacular arte de Eliran Kantor —encargado de todas las portadas recientes—, la producción compartida junto a Juan Urteaga, hasta el final de último de los cincuenta minutos de duración de Para Bellum, somos testigos de una tarea de completa conexión entre todos los integrantes, que logran convertirse en una unidad sonora sólida. El aporte de Dovas es palpable en cada segundo, como la nueva sangre que corre por las arterías y que le concede una nueva vida a este organismo, algo me recuerda a lo sucedido con Scott Travis en Judas Priest con su entrada en Painkiller. Se siente como su presencia ha resultado en ese combustible que el resto de los miembros de la banda necesitaban para volver a demostrar por qué son una aplanadora con casi cuarenta años de actividad, una que no les ha sido regalada ni apoyada por la máquina, sino que han conseguido a partir de la consistencia durante toda su trayectoria.
En una época en que el regreso de varias bandas clásicas ha tenido resultados más bien mixtos, TESTAMENT logra demostrar nuevamente por qué la estupidez del Big Four no es más que una estrategia de mercadotecnia para justificar los precios excesivos de las entradas, ya que esta obra no tiene nada que envidiarle a ninguno de los llamados grandes del género, todo lo contrario, los supera. Logran que casi cincuenta minutos se transformen en una experiencia destructora que se siente la mitad de larga, y aunque creo que un poco más de estrategia para ubicar cada tema del disco le habría otorgado la fineza necesaria para convertirlo en una obra completamente redondeada, lo cierto es que no deja de ser una queja más bien superficial, porque el contenido aquí presente es una evidencia de cómo los thrasheros de California mantienen su llama más viva que nunca. Y vaya que quema.
Total: 50:24
◆ Links recomendados ◆


No comments:
Post a Comment